Santa Marina, San Agustín y San Lorenzo

Son las viejas collaciones que pasearÁn esta ruta que se inicia descendiendo por la calle Adarve hacia la de los Moriscos. Patios de tiestos azules poblados de vecinos por entre casas de paso. Esos lugares Únicos de CÓrdoba, conocidos sÓlo por sus hijos, cruzan de una calle a otra.

De cuando en cuando, el busto y el monumento de un torero, o la casa y el patio en donde jugÓ al toro, o el recuerdo de un compositor, conforman la ruta de iglesias fernandinas que dieron nombre a estos tres barrios: Santa Marina, moriscos y azules; San AgustÍn, de carnaval y blancura cegadora; y San Lorenzo, donde el sillar milenario, las maderas nobles y el seÑorÍo, regalan destellos de historia y tradiciÓn, delicadamente fundidas.

El patio de la calle MarroquÍes nº 6 es un lienzo de cal, un fragmento de historia y tradiciÓn entre edificios de nueva construcciÓn alzados en la calle que acogiÓ a los Últimos moriscos expulsados de EspaÑa.

A su entrada, los infinitos galardones obtenidos en el Concurso de Patios Cordobeses, hallan explicaciÓn al sumergirse en este espacio de aÑiles, piedras, hierbas aromÁticas y tiestos de insospechables orÍgenes reciclados en bellÍsimas mejores macetas para cultivo indoor.

Al fondo la calle Mayor de Santa Marina se abre a los callejones recÓnditos de la calle Tafures, y en el nº 10 la antÍtesis del patio anterior es este flamante rincÓn familiar, como sus cerÁmicas y barros entre pÉtalos multicolores.

Por la calle Aceituno se llega a la Piedra Escrita, las Costanillas y al patio de la calle Pastora nº 2.

Rozando casi los lienzos de las murallas del Marrubial aparece Juan Tocino 3, suntuoso, ajardinado, donde la vanguardia comulga con la herencia de los siglos.

De vuelta al templo, la calle Morales desemboca en la pequeÑa plaza que se abre a los grandiosos Patios del Palacio de Viana. El jardÍn romÁntico que asoma por la Reja de Don Gome marca el camino hacia San AgustÍn.

Antes de adentrarse en San AgustÍn, la ruta gira hacia la calle de las Parras, donde las casas marcadas con los nÚmeros 5 y 6 vuelven a ser un festival de buganvillas, geranios, rosas y claveles, aromados cada noche con las flores abiertas del jazmÍn.

Junto al templo reciÉn recuperado, San AgustÍn nº 6 es un sencillo patio empeÑado en sobrevivir entre puertas, postigos, corredores y vigas repintadas y sencillos y entraÑables recuerdos.

Al otro lado de la plaza, la calle OcaÑa tiene en el nº 19 un patio actual donde la cal y las arcadas se salpican de macetas y plantas trepadoras desde el barro a lo mÁs alto.

El contrapunto lo pone la casa de Mariano Amaya nº 4 con su patio pequeÑo cargado de aÑos y flores.

Escondido como un tesoro, el patio de Pozanco nº 21 aparece al final de la plaza soleada, detrÁs de una pequeÑa reja y casi sepultado por capas de cal y hojas de palmeras, buganvillas y plantas aromÁticas.

Muy cerca del antiguo Dormitorio de los agustinos, llegando al nÚmero 5 de la calle Humosa, se encuentra otra buena muestra de patio antiguo, con galerÍas de madera asomÁndose a un vergel de gitanillas y cintas vegetales.

El viejo mercado de Dormitorio de San AgustÍn linda con la calle Montero, que tiene en la casa nº 27 un patio, como la mayorÍa en esta zona, antaÑo compartido por varios vecinos. Hoy, su exquisito empedrado de chino cordobÉs y la decoraciÓn, despiertan admiraciÓn en visitantes y jurados del Concurso de Patios.

Superada Montero, la calleja de las Guzmanas guarda a la altura de los nÚmeros 2 y 4 sendos ejemplos de cÓmo la arquitectura vanguardista mantiene la esencia de vida peculiar.

MÁs allÁ de la Plaza de San Juan de LetrÁn, la calleja de los Buenos Vinos y la casa nº 1 abre tambiÉn su patio en mayo; igualmente, en San Juan de Palomares 8 un patio actual concita recuerdos y formas de otro tiempo.

San AgustÍn y San Lorenzo tienden un puente de cal por la calle del Queso. Su casa nº 5 forma parte de este festival de puertas abiertas a los sentidos y a las nuevas formas de adaptaciÓn a modos de vida actuales, sin perder la herencia milenaria.El entorno tiene aromas a vino y taberna, a la antigua tradiciÓn de las sociedades de plateros cordobeses, que conserva en la calle MarÍa Auxiliadora la ofrenda a los patios de esta tierra.

Ascendiendo hacia San Lorenzo, la ruta se desvÍa a la calle del Trueque y a la casa nº 4, donde el patio, presidido por un pozo encalado, cumple centurias consagrado en un ara floral. A la izquierda, la calle Arroyo de San Lorenzo se pierde en EscaÑuela nº 3 donde estalla la blancura sobre los pasamanos, los peldaÑos y dinteles de un patio cuyas paredes aparecen plagadas de macetas y que permanece abierto todo el aÑo. De regreso sobre los mismos pasos, el camino asciende hasta El Realejo, donde, fuera de concurso, la generosidad de los cordobeses quizÁ propicie la visita a otros patios, de forma inesperada, tras las cancelas de hierro recreando estampas costumbristas de pintores romÁnticos.